Editorial del Decano Ing. Soria por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia

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24/03/2020

Editorial del Decano Ing. Soria por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia

               En esta editorial voy a referirme brevemente al panorama actual que estamos viviendo como comunidad, como humanidad. Ante la presencia de una situación de excepción como la que estamos atravesando, nuestra sociedad se encuentra con la oportunidad de detenernos a reflexionar sobre nuestras aptitudes y actitudes para posicionarnos como una sociedad que vaya más allá de nuestras decisiones individuales, entrar en la profunda meditación de que cada uno de nosotros somos responsables por los otros. Según la Real Academia Española, la palabra responsable significa en sus variadas acepciones que está obligado a responder de algo o por alguien o que pone cuidado y atención en lo que hace o decide. En estos momentos, estamos ante la presencia de un peligro al que tenemos que responder no sólo por alguien en particular sino por toda nuestra sociedad, sólo nos cabe el cuidado de nosotros mismos porque es el de todos nosotros.

En un día que apela a la memoria este significado que posee la palabra responsable entra en consonancia con la memoria, recordar es cuidar a aquellos otros que no están, atravesar las mareas del olvido cotidiano para volverlos al presente, para sostener las banderas que nos indican que no hemos dejado atrás a aquellos que han sufrido y, que por ese motivo, no vamos a olvidar a los que tenemos presentes hoy, que vamos hacernos responsables por los que hoy están y los que vendrán.  

Una fecha como el 24 de Marzo, momento histórico que se inicia en el año 1976 con el golpe de estado cívico militar en la República Argentina y que culmina el 10 de Diciembre de 1983 con la vuelta a la Democracia es posicionarnos en una memoria que recuerda para cuidarnos de todo aquello que no queremos volver a repetir. El historiador Juan Suriano en la colección Nueva Historia Argentina, tomo: Dictadura y Democracia, define claramente este período. Nos dice que fue una dictadura que excedió largamente la agenda represivo-autoritaria de las dictaduras clásicas porque se impuso como norma el terrorismo de Estado y las libertades públicas e individuales fueron violadas brutalmente como nunca antes.

El Golpe de Estado viene a culminar un período en el que habían comenzado a acrecentarse las problemáticas económicas y sociales de la Argentina. Decisiones económicas como las tomadas por el ministro Celestino Rodrigo, en junio de 1975, bajo la presidencia de Isabel Martínez de Perón, promovió la disminución de la protección arancelaria de las industrias, redujo el sector industrial, consecuencia que afectó también a nuestra institución que proveía de profesionales capacitados para esta área productiva. La situación económica se agravó aún más con el golpe cívico militar y la gestión del ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz continuará con las políticas de abandono del Estado en materias de protección a la industria sustitutiva argentina.

La política represiva del estado hacia la sociedad argentina, iniciada en 1975 con la represión ilegal y paraestatal había ido creciendo en el gobierno de Isabel Martínez de Perón. En 1976 se conforma una Junta Militar, en complicidad con sectores sociales opositores a las políticas que favorecían a los que menos tenían. Muchos afirmaron que cumplían tareas administrativas, que defendían a la sociedad de personas que atentaban contra sus vidas, sin embargo, en este punto podemos tomarnos de lo que sostiene la pensadora Hannah Arendt cuando afirma que las justificaciones de autores y cómplices de genocidio son lo que podemos denominar la banalidad del mal: se hace mal porque no se sabe que se lo hace y porque no se quiere ver que se lo está haciendo, todo se justifica con la eficacia, la organización y control racional de la vida de los otros.

La desaparición de personas por parte del gobierno militar implicaba omitir un hecho incuestionable en su accionar, el genocidio; la desaparición no era solamente negar la vida sino también negar la muerte, nos quita la posibilidad de cualquier tipo de certeza, hace que en la vida cotidiana de cualquier ciudadano se instale aquello con lo que es difícil convivir: el miedo a decir, expresar, debatir o dialogar que son pilares fundamentales en todo sistema educativo en especial y en la sociedad en general.

En la provincia de Tucumán, se ha podido llevar y se llevan a cabo los juicios contra los militares y sus colaboradores. Como así también los lugares sospechados de ser campos de tortura y exterminio pudieron ser investigados con el objetivo de poder dar con los restos de las personas que aún hoy siguen desaparecidas. Para ello, el 24 de abril de 2002 se formó el Colectivo Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán, reconocido con las siglas CAMIT, que ha viabilizado la identificación de muchos desaparecidos que estaban en lo que conocemos como el “Pozo de Vargas”, en los límites de la ciudad de Tafí Viejo. Es una fosa común clandestina en las que se ocultaron cadáveres de detenidos-desaparecidos. Los peritos del CAMIT se encargan de rescatar los vestigios ocultos entre los escombros y las profundidades. Luego, se toman prototipos que son comparados por peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en base al estudio del ADN cotejándolos con los prototipos aportados por familiares, para lograr identificar los restos hallados. Hago mención a este lugar porque lleva el nombre de uno de los que fuera docente de nuestra FRT, Dr. Guillermo Claudio Vargas Aignasse quién fuera identificado en el año 2013. En julio de 2016 fueron identificados los restos del estudiante Jorge Osvaldo Rondoletto.

La Facultad Regional Tucumán, no estuvo ajena a las vicisitudes del gobierno militar, muchos docentes y administrativos fueron dejados cesantes o desaparecieron. Las garantías de los derechos humanos y de ámbitos democráticos para la Universidad Tecnológica Nacional fueron suspendidas. La pérdida del aporte académico como así también práctico-tecnológico de muchos docentes se vio reflejada en la inestabilidad de la FRT en los tiempos dictatoriales. La vuelta a la democracia trajo consigo el complejo proceso de reintegro de aquellos que habían sido cesanteados y la difícil tarea de reingresar en los claustros, el sistema democrático que necesitaba para crecer como institución y brindar un rol activo y comprometido con la sociedad.

A esta nueva etapa en las universidades y, especialmente en la FRT, la he vivido desde el rol de estudiante que me permitió vivenciar experiencias en el movimiento estudiantil a través de un férreo compromiso por dejar atrás las deficitarias políticas académicas que se implementaban en esta institución y, a la vez, reivindicar a aquéllos docentes, estudiantes y no docentes que sufrieron la represión del Estado durante la dictadura. Durante mi rol en la gestión académica en sus diversas instancias comencé a reflexionar acerca de la importancia de instalar encuentros con la memoria colectiva de nuestra institución como punto de reflexión necesario para llevar a cabo la tarea de conducir a la FRT a recomenzar una tarea gigantesca de reestructuración de las áreas académica, cultural y social para conformar una Universidad Nacional que contemple su responsabilidad social, su compromiso con la democracia y para ello considero que es fundamental una política de construcción de la memoria.

En esa construcción hemos inaugurado un Centro Cultural llamado Ingeniero Juan Carlos Recalcatti, y no es azarosa la elección, porque este ingeniero tecnológico fue designado como rector de la UTN durante el proceso de normalización de las universidades argentinas y, luego, fue el primer rector elegido democráticamente por una asamblea universitaria. Asimismo, desde este espacio cultural de la FRT reinauguramos el Salón de Actos de la institución que se denominó Ingeniera María Isabel Jiménez, quien fuera nuestra decana durante los años 1974 y 1975, y hasta hoy se encuentra desaparecida. También colocamos placas conmemorativas de nuestros compañeros y compañeras desaparecidas ubicadas en el hall de entrada como un modo de mantener presente a aquellos que han dejado una huella en este lugar.

Por último, los invito a pensar en las palabras ineludibles que designan a este día: memoria, verdad y justicia.

 

Mg. Ing. Walter Fabián Soria

Decano 

Facultad Regional Tucumán - Universidad Tecnológica Nacional